Documentos de respuesta de los Camaradas de la Juventud Comunista de Pichincha al debate en curso sobre Eloy Alfaro
Hemos ilustrado el panfleto mao-polpotiano (no los llamamos maoistas porque rescatamos al Mao marxista leninista hasta mas o menos 1966 y condenamos al Mao anticomunista de la "revolucion cultural" que estos extremistas reivindican) con fotos que evidencian que no lo compartimos, lo rechazamos y expresamos abiertamente nuestra solidaridad con ustedes y con el compañero presidente Correa
Durante los días 26,27 y 28 de enero del presente año, cerca de mil jóvenes pertenecientes a varias organizaciones culturales y políticas de diversos rincones del país; se han dado presencia atraídos por aquella efervescencia radical muy característica de las juventudes, en el parque El Arbolito, con el propósito de conmemorar el centenario de la Hoguera Bárbara, para por medio del accionar consciente y revolucionario de nuestras bases juveniles organizadas, retomar el legado del viejo luchador, su profundo sentido del momento histórico y su ejemplo en cuanto a lucha social a favor de los más desprotegidos de la patria se refiere.

El crimen: Las carcajadas de los asesinos se traslucían por las calles disfrazados de Pueblo de Quito el 28 de enero de 1912: un niño, el hijo de Emilio María Terán prende la quijada de Alfaro (ya desmembrada de su cuerpo); se lanzan unos y otros las partes nobles de los victimados echándose en horripilante orgía sobre las víctimas; meretrices llevaban los restos de Flavio y Medardo desnudándolos para el arrastre; a Luciano Coral lo habían ultimado de la forma más salvaje: Abraham Salgado le ha cortado la lengua y muere desangrado mientras lo llevan amarrado por la empedrada; el Gral. Ulpiano Páez leal hasta la muerte a Don Eloy lo ha salvaguardado con un revólver escondido logró detener a dos militares, entre ellos acaba con quien asesinara a Alfaro, sin embargo cae.
Durante dieciséis horas en el periférico el Ejido las llamas de la pira salvaje ardiente, tras un inagotable recorrido de las milicias al servicio oligárquico, cesó de iluminar al Ecuador por unos instantes aquel magnífico hombre:
El Viejo Luchador Gral. Eloy Alfaro había ya dejado su ejemplo inamovible al Ecuador.
Los asesinos: La autodenominada coalición que se había fraguado entre los sectores más retrógrados del País, el placismo (representando a la Plutocracia), el conservadurismo, la terratenencia clerical y las partes militares y de la prensa todavía al servicio de estos.
Desde el crimen contra Montero, ya se sabía de la justificación del asesinato: “el populacho” y el perfil de los asesinos materiales: el tnte. Alipio Sotomayor y el Cmdte. César Guerrero; quien presidiera el Consejo de Guerra: el crnl. Alejandro Sierra; y quienes se dieran lujuria con los restos del mismo: los soldados del batallón Marañón. Pero detrás de ellos, los asesinos intelectuales: Leonidas Plaza, Carlos Freile Zaldumbide y el gabinete de gobierno con Juan Francisco Navarro, Federico Intriago, Carlos Tobar y Octavio Díaz; La Junta Patriótica Nacional encabezada por Luis Felipe Borja y el Arzobispo Federico González Suárez, respectivamente defendiendo los intereses del Conservadurismo y la Clerecía Terrateniente.
El ¿por qué?
La revolución después de 17 años de lucha instauró el estado Laico y el Ecuador asumió por primera vez la función Pública despojando las tierras en manos de la Terratenencia (en su mayoría eclesiástica) y pasándola a la Asistencia Social (Estado), con esto en gran medida acarrearía el odio extremista de los intereses explotadores por detener el proceso emancipatorio que llevaba a cabo el General Eloy Alfaro.
El Laicismo: Con la Ley de Patronato se prohibió el pago de los servicios religiosos y la expresión pública de la fe a través de las procesiones religiosas. También se creó el Registro Civil. El censo de las personas corresponde entonces al Estado y no a las parroquias eclesiales donde se inscribían a los recién nacidos, a los cónyuges y a los difuntos. En 1902 se expide la ley del matrimonio civil y en 1910 la del divorcio. Se dicta la ley de Libertad de Cultos.

La Inclusión Social: Se dicta la ley de educación predial. De acuerdo a este mandato oficial los hacendados Estaban obligados a escolarizar a la niñez indígena. Debían crear una escuela en su predio para la educación de los hijos e hijas de los peones. Y se levantó la voz contra el concertaje, que más adelante sería erradicado por completo. Se suprimen los diezmos de los conciertos para la iglesia.
La Mujer: Con la educación Laica y gratuita las mujeres finalmente llegaron a las aulas y accedieron al conocimiento con la apertura de los centros de estudios laicos (y además en su tiempo mixtos) como: El Colegio Mejía, Juan Montalvo, Manuela Cañizares, de esta gesta salieran ejemplos Femeninos de la talla de María Luisa Gómez De La Torre o Hipatia Cárdenas. Se abrió finalmente la posibilidad de que la mujer pudiera acceder a la administración pública y se instauró el voto femeninó, que se lograría definitivamente en 1929.

El ejército Alfarista adheriría a sus filas también a la Mujer, digno ejemplo son las coronelas Joaquina Galarza y Filomena Chávez. A la primera, a quien el propio general Alfaro, en pleno combate, le confiere su grado militar por méritos de guerra. Y la segunda, que pelea al lado del coronel Zenón Sabando en el verdor de las selvas manabitas, y más tarde, cuando Alfaro es incinerado en las piras de El Ejido, se integra a la revolución del coronel Carlos Concha para protestar contra el crimen.
La Unidad Nacional: Termina con la fractura Nacional con el Ferrocarril al unir a la Sierra y la Costa; mérito que trata de desvirtuarse con la afirmación de que García Moreno empezara tal obra, erróneo planteamiento cuando se conoce que el tramo que iniciara “el afrancesado” apenas si llegaba hasta los pies de la cordillera. Alfaro Fue en efecto un férreo defensor de la patria cuando en la invasión peruana llamara a todos a la defensa de la misma, dejando de lado los viejos rencores de la guerra civil, acto del cual sus verdugos se reunieran en el tristemente célebre “Batallón Marañón”.

La Integración Regional: Por excelencia como todo buen revolucionario mantuvo siempre en alto el internacionalismo de ahí su amistad con José Martí, sus planteamientos de Unidad Latinoamericana, se hacían eco en unidad de acción con otros procesos revolucionarios liberal-radicales de la época como el dirigido por Sandino, retomando el ejemplo que dejara Bolívar. Así mismo siguiendo el legado Bolivariano tras el triunfo del a revolución de 1985 debatió con sus pares la posibilidad de crear una Confederación de Estados Suramericanos, pues siempre soñó con la reintegración de la Gran Colombia e incluso convocó a un Congreso Continental en 1896 para promover la anhelada integración regional.
La Renovación Artística: Con la inauguración de innumerables Colegios Laicos y mixtos, a la vez que de la Escuela de Bellas Artes y la Escuela de Artes y Oficios, la renovación de la República, formaría consigo las bases de un nuevo tipo de Arte: El Realismo Social. Arte que definitivamente concluiría con los relatos y novelas colonialistas que reivindicaban para sí al hacendado y gamonal; y más bien rescataría la figura de los explotados.
El Radicalismo: La participación protagónica de los sectores populares en el proceso dirigido por Eloy Alfaro, significó el verdadero carácter radical de este proyecto político de Restauración Nacional. Dentro de las Montoneras Alfaristas se formaron organizaciones de nuevo tipo, el indígena, el negro y el montubio pudieron finalmente ver representados sus intereses conjuntos en ellas: eran libres!
Tales fueron los casos del Gatazo y Guamote donde ejércitos de 10000 desamparados eran dirigidos por sus mismos hermanos, los indios: Gral. Alejo Sáes y Manuel Guamán. Así como de las Montoneras de la Costa de Esmeraldas, Manabí y Guayas donde bajo el mando de Pedro J. Montero y Flavio Alfaro Montubios y Negros juntos peleaban aguerridamente.
La Revolución: En su momento histórico representó la mayor propuesta política nacional de avanzada, pues trastornó desde sus cimientos las relaciones socio-económicas de poder, buscó transformar la forma de producción y propiedad de la tierra, con la Reforma Agraria.

El proceso actual liderado por el compañero presidente Rafael Correa, si bien nos ha dado grandes logros como una nueva constituyente, una salvación de una deuda externa ilegítima, nacionalización del excedente petrolero, educación, salud, trabajo y disminución de la pobreza con la distribución de la riqueza hacia los sectores excluidos dentro del neoliberalismo, no ha tocado los problemas más trascendentales para cambiar este sistema al Socialismo: no ha tocado la gran propiedad y producción, como el presidente mismo lo afirmara, no se ha cambiado todavía la matriz productiva.

En este margen pues: Alfaro, el Viejo Luchador, será nuestra consigna de radicalizar, este proceso de transformaciones que vivimos; su ejemplo y la historia nos lo imponen como obligación fundamental con la Patria y los más desprotegidos.
¡ ¡ ¡ GENERAL ALFARO, LA LUCHA CONTINÚA,
HEMOS JURADO SEGUIR CON TU LEGADO ! ! !

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ELOY ALFARO: UN REVOLUCIONARIO CONSECUENTE
Por: Diógenes Alejandro Xenos
De la Independencia a la Revolución Liberal:
El Ecuador se constituyó como Estado independiente a inicios de la década de 1830. Las luchas contra el coloniaje español, los criminales conquistadores y los representantes de la corona en el continente se dieron desde el momento mismo en que se llevó a cabo este acto genocida contra los pueblos originarios de América que, a decir de Marx, dio lugar, por medio del saqueo de recursos, la violencia sistematizada y el genocidio, al proceso de acumulación originaria que más adelante posibilitaría el nacimiento del capitalismo.
La historia oficial, elaborada por quienes detentan el poder para ocultar la realidad social y las luchas de los pueblos, ha pretendido dejar de lado las acciones valerosas llevadas a cabo por las rebeliones indígenas contra el odioso invasor.
Del mismo modo se ha ocultado la resistencia de los pueblos negros, esclavizados, contra sus opresores.
Generalmente la historia aparece como una sucesión de episodios en los cuales el papel preponderante solo lo cumplen determinados personajes trascendentes, casi siempre hombres, sin tomar en cuenta los procesos sociales que se dan en el marco de determinadas relaciones sociales de producción. Eloy La lucha de clases pretende ser invisibilizada.
La Independencia de América del coloniaje español aparece así como obra de caudillos, de militares o de una élite criolla, intelectual que supo conducir a los pueblos del continente a la ansiada libertad. La sangre derramada por los pueblos que engrosaron las filas de los ejércitos independentistas, no es digna de ser tomada en cuenta.
La idealización de determinados acontecimientos históricos es otra de las características de la historiografía oficial.
Cuando se escribe sobre la Independencia se dejan de lado elementos fundamentales para entender la verdadera dimensión de este proceso.
La Independencia fue un hecho importante, pero no se debe perder de vista que en esta lucha los grupos que se disputaron el poder fueron los de los criollos y los de los chapetones, cada uno defendiendo sus intereses particulares sin tomar en consideración las necesidades de la mayoría explotada y oprimida.
La lucha llevada a cabo por Bolívar, Sucre, Artigas, O'Higgins, Petión fue más adelante traicionada por los Santander, Flores y Páez.
Cuando se produce el triunfo sobre el coloniaje español la situación de hambre, de pobreza, de abandono, de desprecio y exclusión social sobre los indios, los negros y las mujeres no varió prácticamente en nada. "Último día del despotismo y primero de lo mismo, se dijo, y el ingenio popular no se equivocaba, en la medida en que tal acontecimiento no iba a significar, para las clases explotadas otra cosa que la sustitución del funcionario metropolitano por el encomendero criollo en varios órdenes de la vida nacional" (Cueva, 1988: 13).
En el Ecuador fueron los grandes latifundistas, el clero, en suma, la oligarquía criolla, quienes continuaron gozando de privilegios en base a la explotación del trabajo indígena y negro. Las instituciones diseñadas para mantener el dominio de esos grupos de poder no fueron afectadas. Se mantuvo la hacienda por medio del despojo de las tierras a las comunidades indígenas, el concertaje no desapareció, la prisión por deudas se mantuvo y la Iglesia continúo con el control ideológico de la sociedad y gozando de sus privilegios económicos.
En la década de 1860 el crecimiento del latifundio costeño se acrecentó, especializándose en la producción cacaotera, para la cual se absorbió mano de obra también de la sierra ecuatoriana. Esto generaría conflictos entre los terratenientes serranos que acentuaron la explotación y represión sobre los trabajadores y la naciente burguesía agroexportadora costeña "integrada por propietarios de plantación, grandes comerciantes y banqueros, y un núcleo pequeñoburgués constituido por comerciantes de mediana escala". (Cueva, 1988: 17) En esa época aparecen los primeros bancos.
En Ecuador, hasta finales del siglo XIX se concretaron algunas reformas y se realizaron varias obras públicas con el propósito de modernizar la sociedad.
Sin embargo, la superestructura ideológica todavía estaba controlada por los sectores conservadores.
El conflicto entre las clases dominantes de las dos regiones no se había resuelto.
Agustín Cueva dice que "en el agro costeño se desarrolló una economía mucho más dinámica que la de la Sierra, con características inéditas (…), como el pago de salarios, las inversiones de capital y la producción generalizada para el mercado. Y expandióse tanto el comercio exterior como el interno, lo que determinó a su vez, la conformación de un importante sector financiero." (Cueva, 1988: 16) La pugna por el poder político entre conservadores y liberales se hizo más evidente. El 5 de junio de 1895, la Revolución Liberal, liderada por Eloy Alfaro, daría inicio a una transformación en la estructura y superestructura de la sociedad ecuatoriana que mermó el poder de los sectores conservadores.
2. De la revolución alfarista a la contrarrevolución:
Alfaro fue el líder indiscutible de la revolución liberal ecuatoriana. El "Viejo Luchador" nació en Montecristi, provincia de Manabí, el 25 de junio de 1842. Sus padres fueron Manuel Alfaro y Natividad Delgado.
Desde muy joven Alfaro emprendió con rebeldía la lucha contra los regímenes despóticos, tiránicos y corruptos de García Moreno, Antonio Borrero y José Ignacio de Veintemilla. Eloy Alfaro sufrió el exilio, la cárcel, la persecución y los ataques permanentes de las fuerzas conservadoras.
Alfaro fue un luchador social, un revolucionario que comprendió que la única forma de arrebatarle el poder a esos regímenes oligárquicos terratenientes era por medio de la vía de las armas. En 1884 se levantó con la "Montonera" contra el gobierno de José María Plácido Caamaño.
La "Montonera" fue el nombre de las guerrillas que surgieron luego de la Independencia, las mismas que estuvieron conformadas por indígenas y campesinos pobres de la Sierra y la Costa para oponerse a la prepotencia de los terratenientes y militares que pretendían despojarles de sus tierras. En el año de 1864, Alfaro las volvió a organizar.
El "águila roja", como también se conoció a Alfaro, sintetizó la efervescencia de las luchas populares en el Ecuador, como señala Alfredo Pareja Diezcanseco, "tanto que en determinado momento, ser alfarista será sinónimo de valiente y la inconformidad popular se expresará al grito de;¡viva Alfaro carajo!;". (Pareja Diezcanseco, 1990: 77)
Eloy Alfaro fue un luchador anticolonialista y antiimperialista. Defendió con tenacidad la lucha de Cuba por alcanzar la independencia del coloniaje español. Con sus acciones se opuso a las pretensiones nefastas de la Doctrina Monroe y a la política embustera de los Estados Unidos.
La Iglesia, la oligarquía y el imperialismo yanqui jamás perdonarían a Alfaro su rebeldía. Dice Alfredo Pareja Diezcanseco que el 5 de junio de 1895 "en algunas mansiones, atisbando por las ventanas semiabiertas, se comentaba con tímidas palabras de despecho: - Han llamado al indio Alfaro. ¡Pobre país!" (Pareja Diezcanseco, 1986: 198) con lo cual demostraban su profundo odio y desprecio al pueblo al que calificaban como bárbaro e ignorante.
Fue ese pueblo, vilipendiado por sus verdugos y por las élites intelectuales, el que, como señala Oswaldo Albornoz, obligó a los "señorones del liberalismo" y a los "notables" a "aceptar a regañadientes el liderazgo de Alfaro, tanto más que su espada se hacía indispensable para dar una base de masas y dirimir la contienda que ya se vislumbraba y que era tarde para contener." (Albornoz, 1989: 43) Esto se explica, dice Albornoz Peralta, por el hecho de que la gran burguesía liberal sólo aspiraba a llegar al poder para satisfacer sus interés de clase, mientras que el pueblo exigía la radicalización del proceso.
Históricamente queda demostrado una vez más el carácter vendepatria y traicionero de las oligarquías criollas latinoamericanas, las mismas que jamás se pondrán del lado de los intereses de la mayoría pobre. De la misma forma la historia deja como lección la necesidad de que los pueblos, constructores de su propio destino, sean los que, con una dirección política adecuada, tomen el poder para construir una sociedad distinta en beneficio de los que hoy son explotados.
El triunfo de la Revolución Liberal trajo consigo cambios fundamentales para el país en todos los órdenes entre los que destacan: la construcción del Ferrocarril del Sur, la separación de la Iglesia y el Estado, la implantación de la educación laica, la secularización de la enseñanza universitaria, la libertad de conciencia y cultos, el establecimiento de la ley del matrimonio civil y de divorcio, la creación de escuelas nocturnas y de artes y oficios para los trabajadores, la entrega de locales para las actividades de la clase obrera. "El indio fue aliviado de algunas cargas como los diezmos, las primicias, los derechos parroquiales y el trabajo gratuito en las carreteras, la famosa contribución solidaria.
Se le fijó un salario mínimo y se trató de frenar en algo los abusos del concertaje." (Albornoz, 1989: 73, 74) A pesar de estos avances, la Revolución Liberal no terminó de radicalizarse.
La Revolución implica cambios constantes, permanentes. Caso contrario, se estanca. Por otro lado, ante la inexistencia de una política de clase consecuente con los intereses de la mayoría explotada, los sectores reaccionarios, tanto los del conservadorismo como los del liberalismo, acrecentaban su poder e influencia. Alfaro fue, en cierta forma, responsable de esto por haber mantenido una posición conciliadora para así evitar el golpe de la contrarrevolución al proceso. Su error fue no sostenerse desde un inicio en las masas para llevar adelante la transformación radical de la situación de la clase trabajadora campesina y obrera. Eloy Alfaro gobernó durante dos períodos. El primero de 1895 a 1901 y el segundo de 1905 a 1911. En el segundo mandato Alfaro fue perdiendo las bases sociales que lo sustentaban y se produjo una ruptura con la intelectualidad liberal. El poder de la burguesía se iba consolidando.
No obstante tuvo que pactar con los sectores latifundistas y con la propia Iglesia Católica. Este proceso se manifestó con mayor profundidad tras la muerte de Alfaro.
Fue la aristocracia terrateniente, tanto liberal como conservadora, la que planificó el asesinato del "Viejo Luchador".
"Las piras de El Ejido fueron encendidas por los liberales de derecha respaldados por el conservadorismo, con el propósito manifiesto de terminar con el alfarismo, que representaba el ala progresista del liberalismo." (Albornoz, 1989: 125) Curas, hacendados, banqueros estuvieron detrás del monstruoso crimen ejecutado por una turba que, con la complicidad de los guardias, ingreso al Panóptico para asesinar a Alfaro y sus compañeros. No contentos con ello, arrastraron los cadáveres hasta el Ejido, donde los incineraron. "Sin ninguna defensa los detenidos fueron sacrificados y sacados a la calle para el innoble arrastre verificado en medio de escenas indescriptibles por su bajeza, las que no obstante eran aplaudidas desde los balcones por las damas de la alta sociedad, que arrojaban sogas y banderolas a los arrastradores (…)". (Albornoz, 1989: 122, 123) La oligarquía en América Latina se ha caracterizado por su brutalidad y criminalidad permanente contra el pueblo y sus líderes.
Aquel que no aprende de la historia está condenado a repetirla.
No hay otra salida para los pueblos de América Latina que la revolución socialista y el aplastamiento como clase de la oligarquía.
Bibliografía:
1.ALBORNOZ PERALTA, Oswaldo Ecuador: luces y sombras del Liberalismo, editorial "El Duende", 1989
2. CUEVA, Agustín, El proceso de Dominación política en el Ecuador, Editorial Planeta, 1990
3. PAREJA DIEZCANSECO, Alfredo Historia del Ecuador, tomo II, Unidad Editora Nacional, 1986

Etiquetas: La revolución en América Latina y el Caribe


































