Nuestra lucha no se trata de una mera elección estrecha entre opciones electorales dentro del actual régimen, sino de apostar por formas de organización económica y espiritual, cualitativamente superiores a la civilización burguesa, donde se garantiza la emancipación del proletariado y la democracia real. Es la lucha popular por la conquista de la civilización socialista, partiendo del estudio científico de las bases materiales que lo posibilitan y con el objetivo último del comunismo.

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3 de julio de 2006

Levantad más alto nuestra bandera


Armen Beniaminov
Sovietskaya Rossia

Traducido para Civilización Socialista por Josafat S. Comín


Se ha dado la feliz coincidencia de que mis dos años de prisión condicional han finalizado en estos días en que celebramos el aniversario (50 años) de “Sovietskaya Rossia”. Por izar la bandera roja con la hoz y el martillo en lo más alto del edificio de la Duma, fui detenido, golpeado y condenado. Me juzgó el actual gobierno antipopular, y cada paso no meditado me podía traer consecuencias y agravar la pena. No me asustaron, pero me podía impedir trabajar en el partido.
Pero por fin ha llegado la tan ansiada libertad. “Confío en que no nos volvamos a ver” me dijo el teniente de la policía al guardar mi expediente. Como respuesta me encogí de hombros. Mientras pensaba: de repetirse aquel día y aquella hora, en que decidí durante la manifestación para festejar la Revolución de Octubre, encaramarme en la sede del parlamento, junto al Kremlin, lo volvería a hacer con la misma decisión y sin temor, para regocijo de los miles de manifestantes que lo celebraban abajo. Para que recobren el ánimo los que han perdido la esperanza en una vida mejor y más justa. Para que los que han saqueado y arruinado Rusia sepan, que el pueblo nunca podrá estar conforme con lo que le han hecho a nuestro gran país. El pueblo resiste, está reuniendo fuerzas.

Cuando en aquel frío día de noviembre el país supo lo que había ocurrido, las banderas rojas se alzaron en numerosos pueblos y ciudades rusas. Se levantaron en señal de solidaridad, los que resisten, los que no se han entregado al actual régimen. En mi segunda patria, en la vieja Pskov, en un pueblo perdido de la región de Palkisky, un chaval de 17 años se subió a un depósito de agua y colocó bien sujeta nuestra bandera, hecha por el mismo. Estuvo ondeando varios días. Parece que no había “voluntarios” para subir a quitarla: ¿Quién iba a querer convertirse en traidor y vivir luego despreciado por todos? Cuentan que las abuelas al ver nuestra bandera soviética, se santiguaban, como si hubiese sido enviada por dios. Tuve ocasión más tarde de visitar el pueblo y encontrarme con el chaval, casi un crío, pero todo un valiente. Hablamos largo y tendido sobre la vida, sobre los planes de futuro. Él no se sentía un héroe. Decía: “Serguei Tiulenin de la “Joven Guardia” ese si que es un héroe, no se arrugó ante los fascistas” Este chaval tampoco tuvo miedo. No son pocos los chicos y chicas como él que crecen en Rusia. Conocen por lo que oyen a sus padres y abuelos, que había un país maravilloso, que se llamaba Unión Soviética. En ese país para los jóvenes había escuelas, institutos, teatros, campos de deporte, libros, cine, y cada quien podía llegar a ser lo que se propusiese: ingeniero, médico, militar…Se podía ser obrero, trabajador de la construcción, trabajador agrícola y conseguir grandes metas.

Ahora no solo a los adolescentes de Pskov, a los de cualquier región, les parece un sueño inalcanzable convertirse en tractoristas, chóferes, y más irrealizable todavía encontrar trabajo. Hoy día la única medida para todas las cosas es el dinero. Si no tienes dinero, no eres nadie. Los jóvenes se enfrentan con esto a cada paso. Algunos protestan, otros se prestan al engaño y acaban absorbidos por el alcohol o las drogas. Cuando los conocidos me preguntan como evitar que caigan sus hijos en ese mundo criminal, como evitar su degradación moral, les doy un consejo: vengan al PCFR. Cada vez hay más estudiantes, escolares, jóvenes que unen sus destinos con la oposición patriótica, con el partido de los comunistas.
Yo ingresé al PCFR, cuando preparaba el doctorado, a los 23 años.

Extasiado por el romanticismo de la Revolución de Octubre, construida sobre las hazañas de mis antepasados, tan jóvenes y amando ardientemente su patria, dando la vida por su libertad e independencia. Ante mis ojos se destruyó ese país, y yo no podía permanecer indiferente ante su suerte. Hoy tengo como ejemplo al correligionario y amigo de Stalin, al legendario revolucionario “Kamo” (Ter-Petrosian, Simón). Ellos dieron sus vidas por la causa del pueblo, y por mucho que los “demócratas” intenten denigrar las figuras de Lenin y Stalin no podrán menoscabar en la memoria colectiva su vida estoica en nombre de la felicidad de la gente. Es algo que permanecerá en nosotros, en nuestros hijos y descendientes.

Sobre nuestros hombros descansa el futuro de Rusia. ¿Sabremos aceptar la responsabilidad o permitiremos que lo destruyan? Cuando callamos y nos cruzamos de brazos, nos convertimos en cómplices de la arbitrariedad que nos rodea. Necesitamos romper el bloqueo. Tenemos que estar junto al pueblo que lucha, ponernos en huelga de hambre junto a los obreros de las fábricas arruinadas, cortar carreteras, acostarnos en la calzada para impedir el paso de los coches que llevan a los generales de la OTAN. La hazaña de Feodosia en Crimea, que impidió a la bota del soldado americano pisar suelo de Crimea, debe servirnos de inspiración.

Ante todo hago un llamamiento a los diputados comunistas de todos los niveles del poder legislativo. Es cierto que las porras de la policía no distinguen si tienes inmunidad parlamentaria o no. Pero de otro modo los llamamientos se quedarán en eso, en llamamientos, mientras los enemigos externos e internos aplastarán a nuestra patria.

Nuestra bandera de Octubre, la bandera de la Victoria, necesita de nuestra valentía. En nuestras manos tenemos otra bandera: el “Sovietskaya Rossia”. Mis felicitaciones a todos los que hacen posible la existencia de este periódico, a los que escriben en él y a los que lo leen y lo pasan de mano en mano: ¡ levantemos más alto aún nuestra bandera sobre las hileras de la resistencia popular !


Notas de la T.








El nombre de Armen Beniaminov (de origen armenio) se hizo famoso en toda Rusia el 7 de noviembre (día en que se celebra la Revolución de Octubre) de 2003, al conseguir colarse en la sede del parlamento, subir a la azotea y sustituir la actual bandera rusa por la de la Unión Soviética.La bandera estuvo un buen rato, antes de que fuese retirada, por la seguridad del parlamento. Armen fue brutalmente golpeado y f llevado a rastras, esposado, desde el piso 11 hasta el vestíbulo.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

ojala el pueblo ruso se levante contra los que hundieron la USSR y gobiernan ahora mismo el pais vendiendo su patria al capitalismo

9:52 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

ojala el pueblo ruso se levante contra los que hundieron la USSR y gobiernan ahora mismo el pais vendiendo su patria al capitalismo

9:52 a. m.  

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