Nuestra lucha no se trata de una mera elección estrecha entre opciones electorales dentro del actual régimen, sino de apostar por formas de organización económica y espiritual, cualitativamente superiores a la civilización burguesa, donde se garantiza la emancipación del proletariado y la democracia real. Es la lucha popular por la conquista de la civilización socialista, partiendo del estudio científico de las bases materiales que lo posibilitan y con el objetivo último del comunismo.

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2 de mayo de 2010

¿Rusia no es para todos los rusos?

Fuente soviética de la amistad entre los pueblos en Moscú. La URSS no impuso ninguna opresión rusa sino la completa igualdad y amistad entre los pueblos más diversos.
La policía fascista letona contra los comunistas letones rusos

Leonid Kaláshnikov
Pravda

Traducido del ruso por Josafat S. Comín

En Kirguistán la multitud exaltada comenzó a saquear las casas de los rusos. Aparecieron las primeras víctimas. ¿Cómo piensa responder Rusia? ¿Saldrá en defensa de los suyos? Cuesta creerlo. Porque nuestro gobierno lleva intención de desentenderse por completo del destino de los rusos que viven en el exterior. Recientemente el Ministerio de Exteriores llevó a la Duma un proyecto de ley “Sobre la modificación en la ley federal acerca de la política estatal de la Federación de Rusia en relación a los compatriotas que viven en el extranjero”. Antes de que los diputados lo debatiesen, el proyecto de ley provocó una oleada de indignación, tanto en nuestro país como en el extranjero. A petición de “Pravda”, comenta el proyecto el secretario del CC del PCFR y primer vicepresidente del comité de la Duma para temas internacionales, Leonid Kaláshnikov.
La desaparición de la Unión Soviética separó de un modo trágico al pueblo ruso. Hoy, cerca de 30 millones de rusos viven fuera de las fronteras de Rusia. De acuerdo con la legislación vigente, todos ellos son nuestros compatriotas. Sin embargo en la institución que dirige el señor Lavrov, parece que han decidido que no todos ellos se merecen ese status. Las correcciones con las que el Ministerio de Exteriores pretende modificar la ley privarían del título de compatriota a la mayoría de los rusos y rusoparlantes que viven en el extranjero: Van a tener que demostrar que se siguen identificando con Rusia, “mediante su actividad social o profesional para la conservación del ruso, de los idiomas originarios de los pueblos de la Federación de Rusia, el desarrollo de la cultura de Rusia, el fortalecimiento de las relaciones de amista del país de residencia con la Federación de Rusia, el apoyo a las organizaciones sociales de nuestros compatriotas y la defensa de los derechos de nuestros compatriotas”. Por ejemplo, frecuentar regularmente los círculos de canto coral en la embajada. ¿No te viene bien, vives lejos? Lo sentimos, pero no necesitamos compatriotas pasivos. Valorar el grado de actividad de la gente y entregar el correspondiente certificado de aptitud correrá a cargo de ciertas organizaciones sociales que colaboran con las embajadas. Es decir, cualquiera que quiera llamarse compatriota, se verá obligado a convertirse en un ruso profesional.
Resulta evidente que todo esto no deja de ser un descarado intento de dejación de responsabilidades por el destino de toda aquella gente, nuestra gente, que hace 20 años se quedó sin patria. El que en Rusia no esperen a los rusos queda patente con las siguientes cifras: de acuerdo con el programa de cambio de residencia, en los tres años que lleva en vigencia tan solo 11mil personas se han venido a vivir a Rusia. ¡De 30 millones! ¿Piensan que no quieren venir? Para nada, vaya que si quieren, muchos, la mayoría. En las antiguas repúblicas por todas partes y de un modo planificado se está desplazando a la lengua rusa: de la educación, del espacio informativo, de la producción. Pero el problema no está solo en el idioma. Las posibilidades de un ruso de recibir una educación y hacer carrera, incluso de los que dominan la lengua del país, no son las mismas que los que poseen el “título” de nacionales. Prácticamente en todas las antiguas repúblicas, a excepción de Bielorrusia, se aplica una política tácita, no declarada, de “apartheid”. En Letonia, la discriminación es descarada: casi medio millón de rusos siguen sin tener la ciudadanía.
Rusia en estos veinte años no ha hecho nada o casi nada para defender a la población rusa y rusoparlante de las antiguas repúblicas de la Unión. Y sin duda nuestro país tiene las palancas para hacerlo; todos consumen nuestros recursos energéticos.
Por supuesto los rusos, que ven como se menoscaban sus derechos en los países de residencia, vendrían de buena gana a Rusia, si aquí les estuvieran esperando. Pero por lo visto el programa migratorio, al que tanta publicidad dieron, no estaba pensado para una migración masiva de rusos. Cómo se explicaría si no, que en el primer año de su lanzamiento no funcionase en absoluto, que no se hubiese preparado la base documental. ¿Y por qué para la entrada de nuestros compatriotas solo se abrieron trece regiones rusas? ¿Cómo se van a reencontrar en estas condiciones las familias divididas? Todo este sistema burocrático está construido de forma que muchos después de llevar meses intentándolo, desisten de seguir haciéndolo. Y los que persisten y se arriesgan, se quedan esperando en residencias especiales, a que la Madre Patria les dedique por fin la atención que merecen.
¿Resulta entonces que Rusia no necesita a los rusos que viven en el exterior? Mientras tanto, el presidente Medvédev en el Congreso de compatriotas celebrado en diciembre de 2009, declaró que Rusia ayudaría activamente a los rusos para que regresaran. Todo saben que la actual depresión demográfica nos amenaza con un descenso crítico de la población económicamente activa. Algunos expertos cifran en 20 millones la falta de mano de obra para el 2020. Y casi todos los cargos oficiales reconocen de mala gana que no podemos prescindir de la mano de obra extranjera, y que nos veremos obligados a admitir a un mayor número de inmigrantes ilegales. ¿Por qué ese espacio no lo pueden ocupar nuestros compatriotas que quieran unir su destino al de Rusia?
La respuesta es sencilla aunque desagradable: la mano de obra que viene de afuera, a menudo ilegal, es más barata, no tiene derechos y puede vivir en cualesquiera condiciones. Utilizando el trabajo de esta gente, es muy fácil cometer fraude fiscal. Vivimos en capitalismo, y todos quieren reducir gastos. Los empresarios no tienen pensado ofrecer un sueldo digno a los repatriados, asegurarles sus derechos sociales, vivienda, guarderías.
Pero si el estado de verdad tiene en el orden del día la modernización, despreciar un recurso tan valioso, como nuestros compatriotas, es simplemente impensable. Los inmigrantes ilegales no van a construirnos una “economía de conocimiento”, mientras que en los programas de modernización se pueden ocupar millones de migrantes, con formación, alta cualificación, que hablen y piensen en ruso. La postura de los comunistas rusos es la siguiente: necesitamos compatriotas rusos, independientemente de dónde vivan. Es necesario defender en sus países de origen a aquellos que no se decidan a regresar. A los jóvenes, a los que aceptan la movilidad, hay que atraerlos a Rusia, hay que reunir a nuestro dividido y debilitado pueblo ruso. Por eso vamos a posicionarnos en contra de los intentos del Ministerio de Exteriores de reducir radicalmente el círculo de aquellos, a los que poder llamar compatriotas.